Las universidades iraníes ponen a prueba el equilibrio entre el poder y la protesta con el inicio del nuevo semestre

De la educación a distancia al regreso al enfrentamiento
Las autoridades habían recurrido en enero pasado a convertir la educación en un sistema de enseñanza electrónica, tras una ola de protestas relacionadas con la situación económica, en un paso que los estudiantes vieron como un intento de contener la movilización dentro del campus. Sin embargo, el reinicio de las clases presenciales ha reavivado el impulso de las movilizaciones en el terreno, especialmente en las universidades de Teherán, Mashhad y Isfahan.
Ceremonias de conmemoración se convierten en mensajes políticos
En la Universidad de Teherán, los estudiantes organizaron ceremonias de conmemoración para un estudiante de posgrado, coreando consignas que incluían “mujer, vida, libertad”, mientras que la organización Basij estudiantil intentó dirigir el evento hacia un discurso pro-gubernamental. En la Universidad Sharif de Tecnología, una vigilia silenciosa se convirtió en un debate abierto después de que se transmitieran recitaciones coránicas a través de altavoces, que los manifestantes consideraron un intento de distracción.
División simbólica y consignas opuestas
Se mostraron clips circulantes de gritos opuestos entre estudiantes pro-gubernamentales que declararon su lealtad al líder supremo Ali Khamenei, y otros que coreaban consignas que criticaban a la República Islámica y a la Guardia Revolucionaria. También surgieron símbolos diversos; los leales quemaron banderas de Estados Unidos e Israel, mientras que los opositores levantaron la bandera del “león y el sol” anterior a la revolución de 1979, y algunos estudiantes incluso quemaron la bandera de la República Islámica.
Algunas de las consignas hicieron referencia a Reza Pahlavi, indicando la presencia de la dimensión monárquica en el discurso de protesta.
Dilema legal y de seguridad
Las perturbaciones colocan a la dirección iraní ante una ecuación delicada: la intervención de seguridad estricta podría empujar las protestas fuera de los muros de las universidades, mientras que la laxitud podría ser vista como una apertura para la expansión de la oposición. La situación se complica por una ley promulgada en 2000 que prohíbe la entrada de fuerzas militares y de seguridad al campus sin un permiso oficial, tras los eventos de 1999.
A pesar de ello, informes de derechos humanos han hablado de intervenciones de seguridad recurrentes, que incluyen la documentación de identidades de los participantes y su grabación, además de advertencias universitarias sobre posibles medidas disciplinarias, lo que indica la continuidad de la tensión entre la institución académica y el poder político.