Venezuela ante una dura prueba tras Maduro: ¡Preguntas sobre el poder, el ejército y la calle!

La conversación en los círculos occidentales sobre un gobierno de transición civil no parece ser algo improvisado; la idea se basa en un cambio calculado que mantiene la estructura del estado y evita el choque con los centros de poder, especialmente con la institución militar. Esta propuesta no oculta un deseo externo de gestionar la escena con calma, no de hacerla estallar.
Oposición lista... ¿o apresurada?
El discurso de la oposición sugiere una alta confianza y una preparación previa. Hablar de planes a corto plazo para gestionar el gobierno y de una figura que se considera una opción decidida refleja un intento de llenar el vacío rápidamente, pero esta rapidez puede ser un arma de doble filo si no se acompaña de un consenso más amplio dentro de la sociedad.
El ejército entre garantías y riesgos
No se puede pasar por alto el papel de la institución militar en cualquier escenario futuro; no es solo una herramienta de seguridad, sino un actor entrelazado con la política y la economía. Su aceptación de la nueva etapa requiere garantías reales, y su rechazo podría abrir puertas que no se pueden cerrar fácilmente. Lo más peligroso que podría enfrentar el país es la división del ejército, no su posición unificada.
Calle dividida y memoria cargada
Los propios venezolanos no están de acuerdo; algunos ven en lo ocurrido una liberación, mientras que otros lo consideran una ruptura de la voluntad del estado. Esta división hace que la legitimidad popular sea un asunto más complicado que un simple reconocimiento internacional o un anuncio político, y coloca a cualquier autoridad futura ante una prueba de confianza antes de una prueba de gobernanza.
El camino más difícil no es derrocar al poder, sino lo que viene después
Las experiencias dicen que derrocar un régimen no significa necesariamente construir una alternativa estable. Venezuela hoy se enfrenta a dos opciones claras: una transición condicionada regida por equilibrios delicados, o un vacío que podría volver a producir crisis de formas más severas. En ambos casos, el costo no será simple, y la verdadera pregunta es: ¿quién lo pagará esta vez?