La experiencia de la gota de brea cumple 100 años: la experiencia científica más larga de la historia

El mundo celebra este mes un centenario de las experiencias científicas más lentas y largas de la historia:
La experiencia de la gota de brea, que comenzó en 1930 y aún continúa hoy, representa la paciencia y la precisión científica en su máxima expresión.
La historia comenzó cuando el físico Thomas Parnell de la Universidad de Queensland llenó un embudo con brea negra, uno de los líquidos más viscosos de la Tierra, en 1927.
Después de tres años, cortó la pierna del embudo anunciando el inicio del experimento, que tiene como objetivo observar el goteo de la brea de manera extremadamente lenta.
La brea puede parecer sólida al tacto, pero en realidad es un líquido más viscoso que el agua por mil millones de veces.
La primera gota no se filtró hasta después de ocho años desde el inicio del experimento, y desde entonces, las gotas continúan cayendo a un ritmo de aproximadamente una gota cada ocho años, con solo una pausa temporal después de la instalación de aire acondicionado en el edificio durante la década de 1980.
Hasta hoy, después de 96 años, solo han caído 9 gotas, siendo la última en 2014, y los científicos aún esperan la caída de la décima gota durante esta década.
A pesar de seguir el experimento a través de una transmisión en vivo, nadie ha presenciado una gota en directo debido a algunos fallos técnicos anteriores.
Históricamente, tras la muerte de Parnell, el físico John Mainstone supervisó el experimento desde 1961 hasta 2013, pero no fue testigo de ninguna gota en particular, ya que su fallecimiento coincidió con muchos momentos cruciales, incluyendo la caída de una gota que se perdió debido a una tormenta eléctrica en 2000, y la siguiente gota en abril 2014 poco antes de su muerte.
Hoy, el experimento está supervisado por Andrew White, el actual profesor de física, quien espera ansiosamente la décima gota, continuando con una de las experiencias científicas más lentas y fascinantes del mundo, que demuestra que la paciencia puede ser a veces una herramienta científica por sí misma.