¿Cómo afectó el COVID-19 al diagnóstico de enfermedades crónicas y las oportunidades de tratamiento temprano?

Los efectos de la pandemia de "COVID-19" no se detuvieron en las infecciones y muertes, sino que dejaron una huella oculta en la salud pública, que se manifestó en un enorme retroceso en el diagnóstico de enfermedades crónicas, dejando a millones de personas sin detección o tratamiento durante años.
Esto es lo que reveló un estudio reciente publicado en la revista médica británica (BMJ), que se basó en el análisis de datos de salud anónimos de aproximadamente 30 millones de personas en Inglaterra.
Con la propagación de la pandemia, los sistemas de salud redirigieron sus recursos para manejar casos de emergencia, se cancelaron citas rutinarias y las visitas a médicos de familia y hospitales no relacionados con COVID-19 disminuyeron en aproximadamente un tercio durante los primeros meses.
Además, se detuvieron las clínicas especializadas y se pospusieron las pruebas diagnósticas esenciales, lo que impactó directamente las tasas de detección de enfermedades a largo plazo.
El estudio mostró que la disminución fue más evidente en enfermedades que dependen de pruebas rutinarias o evaluaciones especializadas:
• Asma: el diagnóstico disminuyó en más de 30% en el primer año.
• Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC): el diagnóstico disminuyó en más de 50% debido a la interrupción de las pruebas respiratorias y la acumulación de listas de espera.
• Enfermedades de la piel como la psoriasis y dermatitis atópica: se vieron gravemente afectadas debido a la reticencia de los pacientes a buscar atención y el retraso en las derivaciones a especialistas.
• Osteoporosis: el diagnóstico disminuyó en aproximadamente un tercio, privando a miles de personas de un tratamiento preventivo que podría haber evitado fracturas graves, y las tasas de diagnóstico solo se recuperaron después de aproximadamente tres años.
Entre marzo 2020 y noviembre 2024, se diagnosticaron más de 50 mil casos menos de lo esperado en Inglaterra, lo que representa una oportunidad perdida para la prevención temprana y la mejora de la salud pública.
Y aunque las tasas de diagnóstico comenzaron a recuperarse gradualmente después de la interrupción inicial de la pandemia, aparecieron patrones diversos entre los casos:
1 _ Depresión: el diagnóstico disminuyó en aproximadamente 30% en el primer año, luego mejoró parcialmente antes de volver a caer desde 2022, a pesar del aumento de las solicitudes de discapacidad relacionadas con trastornos mentales, lo que sugiere un cambio en las formas de acceso al tratamiento más que una mejora real en la salud mental.
2 _ Enfermedad renal crónica: las diagnósticos se duplicaron desde 2022, superando los niveles previos a la pandemia, como resultado de la actualización de las guías médicas para el examen rutinario de los grupos más vulnerables, como los pacientes diabéticos y con hipertensión, junto con la disponibilidad de nuevos tratamientos que hacen que la detección temprana sea más importante.
El estudio destacó un aspecto positivo, que es el uso de un análisis seguro y rápido de los datos de salud, lo que permitió monitorear los cambios patológicos casi de inmediato, después de que su detección solía tardar años.
Y aunque la pandemia interrumpió la atención médica y creó brechas preocupantes, también impulsó el desarrollo de herramientas de monitoreo más avanzadas, lo que brinda a los sistemas de salud una mejor oportunidad para abordar crisis tempranas y reducir su costo oculto en la salud de las comunidades.