Washington refuerza su control sobre Bagdad.. El armamento de las facciones y la candidatura de Maliki bajo el microscopio estadounidense

El panorama iraquí hoy se cruza en tres caminos interrelacionados: la crisis de elección del primer ministro, el tema de las facciones armadas y la dimensión financiera relacionada con la relación de Bagdad con las instituciones financieras estadounidenses, elementos que hacen que la presión estadounidense vaya más allá de simples posiciones diplomáticas.
Mensajes contundentes desde Washington
El 12 de febrero de 2026, el encargado de negocios de la embajada estadounidense en Bagdad, Joshua Harris, enfatizó la disposición de su país a utilizar “todas las herramientas disponibles” para enfrentar lo que describió como actividades iraníes desestabilizadoras dentro de Irak.
Estas declaraciones coincidieron con una posición estadounidense clara respecto a la candidatura de Nuri al-Maliki para la presidencia del gobierno, donde Washington advirtió sobre una reevaluación de su relación con Bagdad si se avanza con esta opción, un precedente considerado el más claro en años.
Los mensajes estadounidenses incluyeron señales sobre la posibilidad de imponer sanciones a individuos o instituciones, y vincular el nivel de cooperación política, de seguridad y económica a criterios específicos relacionados con la soberanía y el control de las armas.
Reorganizando las reglas del juego
Los observadores creen que lo que está ocurriendo va más allá de la presión tradicional y refleja una decisión estadounidense de reajustar los equilibrios internos que Washington considera se han desequilibrado en los últimos años a favor de una influencia regional particular.
La administración estadounidense, que desempeñó un papel fundamental en la configuración del sistema político después de 2003, parece hoy más inclinada a utilizar herramientas financieras y económicas influyentes, entre ellas la regulación de las transferencias en dólares y el endurecimiento de la supervisión del sector bancario, en el marco de una visión interconectada que combina seguridad, economía y política.
El dilema de las armas y las facciones
El tema de las facciones armadas ha encabezado las prioridades de presión estadounidense, ya que Washington ha vinculado el futuro de la asociación estratégica con el grado de avance en la concentración de las armas en manos del estado.
Ante esta realidad, algunas facciones han mostrado una disposición inicial para pasar a la acción política dentro de los marcos constitucionales, planteando condiciones a cambio relacionadas con la finalización de la presencia militar extranjera y la garantía de lo que describen como “soberanía plena”.
No obstante, el equilibrio sigue siendo delicado, ya que la administración estadounidense busca –según estimaciones de analistas– evitar una explosión interna, mientras mantiene al mismo tiempo un gobierno capaz de controlar la decisión soberana y reducir la influencia de las armas fuera de las instituciones del estado.
Entre la presión y el entendimiento
El movimiento estadounidense no parece ser militar tanto como político y financiero, manteniendo abierta la puerta a un entendimiento con cualquier gobierno que ofrezca garantías prácticas sobre la concentración de las armas y la regulación de la relación con Teherán.
En medio de la tensión regional y las negociaciones estadounidenses–iraníes, los responsables de la toma de decisiones en Washington temen que Irak se convierta en un campo de apoyo completo para un solo eje, lo que la administración considera una opción estratégica inaceptable.
Irak ante una nueva prueba
Irak se enfrenta a una ecuación compleja: formar un gobierno capaz de absorber las presiones externas sin hacer estallar los equilibrios internos, y mantener asociaciones económicas y de seguridad vitales en un entorno regional inestable.
La pregunta más importante ahora es:
¿Logrará Bagdad gestionar este delicado equilibrio, o las crecientes presiones redibujarán el mapa de alianzas dentro del panorama político iraquí?