En un tiempo en el que el mundo corre hacia resultados rápidos, destaca un experimento único que se considera uno de los más largos en la historia de la ciencia, ya que se basa en la paciencia y la observación de un evento que puede tardar muchos años en ocurrir.
Este experimento, conocido como "el experimento de la gota de brea", comenzó en mil novecientos veintisiete en la Universidad de Queensland, Australia, bajo la dirección del físico Thomas Parnell.
El objetivo de Parnell era simple pero profundo: demostrar que algunos materiales que parecen completamente sólidos pueden comportarse como líquidos de alta viscosidad.
Para demostrarlo, colocó brea en un embudo de vidrio y la dejó fluir muy lentamente, de tal manera que la caída de cada gota podría tardar muchos años.
Con el paso de las décadas, el experimento se convirtió en un símbolo de la paciencia científica, ya que las gotas siguen cayendo a un ritmo extremadamente lento, recordándole al mundo que algunos fenómenos solo se comprenden a través de una larga espera y una observación cuidadosa.