Europa está experimentando una transformación radical en su mapa energético tras la guerra en Ucrania, ya que su dependencia del gas ruso ha caído a su nivel más bajo en la historia, en contraste con un aumento sin precedentes del gas estadounidense licuado. Las cifras reflejan una transición estratégica que no se limita solo a la energía, sino que se extiende a los equilibrios de poder político y económico dentro del continente.
Caída drástica del gas ruso
La cuota de gas ruso en el mercado europeo ha disminuido al 12.1%, después de haber sido del 43.4% antes de la guerra. Esta caída refleja el colapso de las líneas de suministro tradicionales que llegan a través de tuberías, y la transformación de Europa hacia fuentes alternativas más diversas.
El gas estadounidense lidera la escena
Por otro lado, la cuota de gas estadounidense ha saltado al 26.5% después de haber sido solo del 5.8% en 2021, convirtiéndose en el principal proveedor de gas licuado para Europa, beneficiándose de la nueva infraestructura que han creado los países europeos en los últimos dos años.
Transformación estratégica a largo plazo
Este cambio no parece ser temporal, ya que Europa está invirtiendo intensamente en terminales de recepción de gas licuado y trabaja para reducir su dependencia de cualquier fuente única, en el marco de una nueva política energética que busca fortalecer la seguridad y reducir los riesgos geopolíticos.