Estallaron enfrentamientos violentos a lo largo de la línea de control en la región de Cachemira, donde las fuerzas indias y pakistaníes intercambiaron intensos bombardeos, entre explosiones sucesivas y contradicciones en las narrativas sobre el número de víctimas.
Medios de comunicación indios informaron de muertes durante estos enfrentamientos, mientras que la seguridad fronteriza india anunció la frustración de un intento de infiltración por parte de fuerzas pakistaníes en la región de Jammu y Cachemira.
La tensión alcanzó su punto máximo después de que India lanzara ataques con drones dentro del territorio pakistaní, lo que resultó en la muerte de dos civiles, según informó el ejército pakistaní.
Por otro lado, Nueva Delhi acusó a Islamabad de estar detrás de los ataques en las áreas de Pathankot, Jaisalmer y Srinagar, acusaciones que la cancillería pakistaní rechazó enérgicamente, describiéndolas como "acusaciones infundadas destinadas a difamar a Pakistán a través de una campaña de desinformación".
La cancillería pakistaní advirtió que estas acciones y declaraciones hostiles no solo amenazan la estabilidad en el sur de Asia, sino que también revelan intenciones inquietantes de explotar las tensiones políticas y militares.
En la ciudad de Muzaffarabad, ubicada en la parte de Cachemira bajo control de Pakistán, la preocupación aumenta entre la población en medio de una intensa presencia de seguridad.
A nivel internacional, el embajador de Pakistán en Estados Unidos, Rizwan Saeed Sheikh, reconoció que hubo contactos entre los consejos de seguridad nacional de ambos países, en una entrevista con la CNN, en un intento de calmar las preocupaciones sobre una escalada del conflicto hacia un enfrentamiento total.
Sin embargo, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, en una entrevista con Fox News, enfatizó que "la crisis no es asunto de Estados Unidos", limitándose a llamar a la reducción de la escalada sin intenciones de intervenir.
Por su parte, el primer ministro pakistaní, Shahbaz Sharif, se comprometió a responder a lo que llamó "la agresión india", asegurando que Pakistán "no permitirá que la sangre de los inocentes se derrame", lo que ha generado temores de una escalada mayor. Esto se produce junto con crecientes presiones populares en ambos países, donde el público exige respuestas contundentes en medio de un ambiente nacionalista cargado.
Cabe señalar que las raíces de la actual tensión se remontan a un sangriento ataque el 22 de abril en Cachemira india, que resultó en la muerte de 26 personas, reavivando el conflicto crónico entre los dos países nucleares, que no ha cesado desde la partición de la subcontinente indio en 1947.