Una nave espacial perdida se acerca a caer sobre Gran Bretaña el 10 de mayo actual.
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Después de más de medio siglo desde su lanzamiento en la década de los setenta del siglo pasado como parte del ambicioso programa soviético "Venera" dedicado al estudio del planeta Venus, la cápsula espacial soviética "Cosmos 482" vuelve a encabezar los titulares, pero esta vez debido a la posibilidad de su incontrolado regreso a la Tierra. La nave, que no completó su misión original debido a una falla técnica en el momento del lanzamiento de la segunda etapa, no abandonó la órbita terrestre como estaba planeado, y ha estado girando alrededor de ella desde 1972. Según científicos británicos y el periódico "Daily Mirror", se espera que la nave, que pesa alrededor de 495 kg, entre en una fase crítica y regrese a la atmósfera terrestre el 10 de mayo de 2025. Este regreso será completamente descontrolado, lo que significa que los científicos no pueden predecir con precisión el lugar o el momento de la caída, lo que genera preocupación en las agencias espaciales y entidades encargadas de monitorear el espacio exterior. Las preocupaciones aumentan debido a la naturaleza de la nave, diseñada para soportar condiciones extremas en la superficie de Venus, lo que hace que algunas partes puedan sobrevivir al calor de la fricción al entrar en la atmósfera y llegar a la Tierra sin quemarse por completo. Las predicciones sugieren que la zona de posible caída abarca una amplia área del planeta entre los 52 grados de latitud norte y sur, poniendo en peligro áreas pobladas como el sur de Inglaterra y partes de Gales. Aunque los expertos aseguran que la probabilidad de causar daños graves o lesiones humanas sigue siendo baja, el escenario de escombros espaciales cayendo en áreas pobladas sigue siendo una posibilidad, convirtiendo este incidente en un ejemplo vivo de advertencia sobre el creciente problema de los desechos espaciales en órbita terrestre, que amenaza la seguridad del planeta con el aumento de la actividad espacial a nivel mundial. Imágenes recientes de la nave captadas por astrónomos muestran restos de un paracaídas que se cree son parte del sistema de aterrizaje, pero se cree que se han quemado o perdido su función y no se espera que influyan en la desaceleración de la caída. La Agencia Espacial Europea (ESA) monitorea la situación minuto a minuto, a la espera de una determinación más precisa del momento y lugar de la caída, mientras el mundo permanece en vilo por el destino de uno de los objetos espaciales más antiguos que aún flotan en el espacio desde la cúspide de la Guerra Fría.